Exmilitares confiesan las duras órdenes que tenían para cometer falsos positivos
Exmilitares confiesan las duras órdenes que tenían para cometer falsos positivos los horrores cometidos por algunos miembros del Batallón de Artillería N. 2 La Popa
El informe da cuenta que los
uniformados eran medidos por “litros de sangre” y se podían negociar atractivos
incentivos por esas supuestas ‘bajas en combate’.
De acuerdo con la JEP, el Caribe, entre el norte del
Cesar y el sur de La Guajira es una de las regiones con más
víctimas.
En esta zona se tiene documentado que el 7,3% de las víctimas
provienen del departamento de Cesar, es decir, más de 460 personas hacían
parte de esta región en donde operaba, principalmente, el Batallón de
Artillería N.2 La Popa.
La ejecución de los falsos positivos en esta zona del
país se caracterizó por las alianzas entre miembros del Ejército y
paramilitares.
“El batallón era una máquina de guerra y por lo tanto
tenían que verse los resultados operacionales”, así describe un mayor retirado
del Ejército, quien comparece ante la JEP, los horrores cometidos por
algunos miembros del Batallón de Artillería N. 2 La Popa.
El alto oficial, al igual que muchos otros, a quienes
protegemos su identidad por razones de seguridad, decidieron contar una
década después lo que pasó y quiénes pueden estar detrás de estos graves
hechos.
Y fue esa presión por resultados operacionales lo que
habría llevado a que se creara una alianza de la muerte con el
paramilitarismo.
“El comandante de La Popa, el coronel Mejía, era
determinante en estos resultados operacionales. Él, con alias ‘39’, era quien
coordinaba estas situaciones”, sostiene el mayor retirado.
Pero no era lo único ilegal que se movía con tal de sumar
números y obtener resultados. Otro teniente retirado, también investigado,
cuenta cómo se pagaban importantes sumas de dinero a los soldados por cada
supuesto muerto en combate:
“Yo escuché a mi coronel decir que 500.000 (pesos)
por arma corta y un millón (de pesos) por arma larga”.
La víctima podía ser cualquier persona, desde un
campesino de la región o cualquiera que, como ellos mismos dicen, "oliera
a guerrillero".
Se hacia el respectivo montaje del combate y se procedía
a asesinar a quien fuera el próximo resultado operacional, tal como lo cuenta
un cabo retirado:
“En el momento cuando ya tenían una operación planeada,
él ya nos daba las instrucciones específicas, tan específicas como: ‘está
un soldado trayendo a una o dos personas, se va a ir a tal sitio y se va a
simular un combate’”, insistió.

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